No intentes ver Madrid en un día. Cada sitio se lleva su tiempo, y la ciudad premia al que se mete dos calles hacia dentro.

Mayo u octubre, sin duda: buen tiempo, el calor no aprieta, y en mayo encima pillas San Isidro. Julio y agosto ni de broma, hace un calor de 35 a 40 grados.
Y ojo con el invierno: frío de verdad, con heladas. Que no se piense nadie que por ser España en enero hace bueno.
Lo de que Madrid se vacía en agosto es verdad a medias. La gente se va y muchos bares cierran, pero los sitios turísticos siguen petados. Eso sí, aparcas mejor.
San Isidro, el 15 de mayo, es la fiesta grande.
La Almudena, el 9 de noviembre, es festivo local y más tranquila.
Desde el aeropuerto, el metro tira bien: línea 8 con trasbordo, unos treinta o cuarenta minutos y barato. También hay bus exprés directo. Taxi si vas con prisa o con maletas.
El centro se anda bien, de verdad. Lo que engaña son las cuestas de Malasaña hacia arriba: cansan más de lo que parece en el mapa.
Con el coche, mejor ni meterse en Madrid Central si eres de fuera. Déjalo en un parking de borde y ya.
El Retiro a primera hora. El Prado nada más abrir o al final del día. Y el Templo de Debod al atardecer, que es una pasada.
Lo del Debod es literal: a mediodía es una piedra random. Sin la puesta de sol no dice nada. El Palacio Real por dentro tampoco es para tanto.
Para pasear, La Latina. El Rastro los domingos y buen ambiente de terrazas.
A las siete es pronto: muchos sitios no han abierto ni la cocina de noche. Aquí se cena tardísimo, sobre las nueve y media o las diez es cuando se llena de verdad.
Cocido en invierno, que si no te derrites. Callos, también más de invierno. En verano, gazpacho y cosas así.
El cocido bueno hay que reservarlo con días. No se puede improvisar.
Y el fallo típico: sentarse en la terraza de la plaza más turística en vez de meterse dos calles hacia dentro.
Día uno: Retiro, Prado, comida de cuchara, tarde por Malasaña o La Latina y atardecer en el Templo de Debod.
Día dos: Palacio Real, Mercado de San Miguel, Gran Vía y cena tapeando por La Latina.
Las terrazas funcionan al atardecer y de noche. A mediodía en verano no hay quien aguante el sol.
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