París está llena todo el año: es una ciudad mundial y eso no cambia según el mes. Lo que sí cambia es cómo se camina por ella.

La primavera es el mejor momento, por temperatura. Pero el invierno gris tiene algo: ese cielo plomizo es parte de lo que hace a París, y la ciudad en enero es bonita de una forma distinta. No la descartes por el tiempo. Si buscas un motivo concreto: Navidad, Roland Garros, un partido del PSG o Disneyland.
Orly y Charles de Gaulle funcionan las dos; no hay una opción mala. Desde ambos hay trenes con frecuencia alta hacia el centro.
Una vez dentro, depende del tiempo que tengas. Si vas pocos días y quieres ver los monumentos, metro o taxi. Si tienes margen, camina: se pueden hacer quince kilómetros al día sin darte cuenta, y es la mejor manera de que la ciudad te sorprenda.
La Torre Eiffel de noche, con las luces. Se ve mejor desde Trocadéro, o subiendo: París desde arriba merece el rato.
Montmartre. Y la zona de Los Inválidos, con la torre al fondo.
Pero lo mejor de París no está en la lista. Callejeando aparece la casa de Serge Gainsbourg y rincones que no salen en ninguna guía. Reserva tiempo para perderte.
Horarios franceses: comida de 12 a 14, cena de 19 a 21. Fuera de esa franja, la cocina cierra.
Por Los Inválidos se come bien. Y no hace falta reservarlo todo: entrar sin plan y fiarse del instinto funciona.
Elige el hotel según dónde vayas a estar, no por el precio. París es enorme y hay muchísimo tráfico. Alojarte cerca de tus actividades te ahorra horas cada día. Es la decisión que más cambia el viaje.
Y olvida el tópico de los parisinos antipáticos: son gente abierta, a la que le gustan los extranjeros. Del idioma sí están orgullosos, pero eso no es lo mismo.
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