Valencia es mucho más que fiesta. Ese es el error de casi todo el que viene por primera vez.

De marzo a junio son los mejores meses: el clima acompaña y es cuando hay fiestas. Julio y agosto los evitaría por el calor y la humedad excesiva.
En agosto pasa algo curioso: el centro tiene menos visitantes, porque todo el mundo se va a los barrios cercanos al mar. Lo que sí hay son turistas de crucero. Febrero y el final de enero son los meses más flojos.
La mascletà empieza el 1 de marzo y ya hay ambiente fallero por la ciudad.
La semana grande va del 14 al 19: la plantà, el concurso de luces y monumentos, la ofrenda —que dura dos días— y la cremà.
Del aeropuerto al centro, unos veinte minutos en transporte público. Desde la estación del AVE, diez o quince andando.
Aparcar: hay mucha zona azul. Con suerte se encuentra sitio por el cauce viejo del Turia, si no te pillan los gorrillas.
No hace falta coche. El Turia se disfruta a pie, en patines o en bici.
El casco antiguo: la catedral, la Lonja de la Seda, el Mercado Central y la que llaman la capilla sixtina valenciana.
El cauce viejo del Turia es el pulmón de la ciudad, y dentro está la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Y el barrio de Ruzafa.
Lo sobrevalorado, en mi opinión: las playas.
Lo que casi nadie conoce: el Cabanyal. Cada vez más gente lo descubre, pero sigue siendo una zona por conocer.
La Albufera merece la pena de abril a junio. Y no te pierdas la puesta de sol desde el embarcadero del Saler.
La paella: evitaría los locales nuevos —alguno habrá que la haga bien— y me quedaría con la mayoría de los que hay desde el Saler hasta el Palmar.
Reserva en los restaurantes de moda y en los del Palmar. Si llegas a cenar a un sitio turístico, cuenta con hacer cola.
Y más allá del arroz: la clòtxina valenciana es manjar de dioses.
Día uno: centro de la ciudad, almuerzo tradicional, visita al Mercado Central, la Lonja y la catedral. Tapeo por el centro para comer, tardeo en Ruzafa y cena por la zona.
Día dos: otro almuerzo, paseo por el cauce viejo del Turia con visita a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, tapeo a mediodía por el Cabanyal, tardeo en la Malvarrosa y mariscada allí mismo.
La luz. Y el aroma a azahar cuando florecen los naranjos.
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